La primera mujer

La primera mujer

De la madre solo queda polvo y la hija lo ofrece al viento y al lago abriendo una urna como antes Pandora una caja: qué males, qué bienes, se liberan al mundo, no lo sabe y no pregunta.

No habla con su padre.

Cruzan la noche, el bosque nativo y el bosque de árboles para leña. Viajan en una camioneta que huele a pescado. Él cree que debería decir algo: tu mamá era increíble, prudente, bondadosa, justa, la mejor mujer que he conocido… aunque sea mentira, con tal de que su recuerdo no se esparza.

No dice nada, pero piensa en esa mujer, suspendida sobre un lago donde nunca se bañó porque siempre lo visitaron en invierno.

La hija lo mira de reojo, tampoco habla, no quiere. Harán falta palabras luego.

En este momento siente que entiende.

Hay un extraño orden y está bien: el olor a pescado de la camioneta, el desfile de eucaliptos y alerces, la oscuridad que los faros cortan como si la noche fuera espesura y la luz tuviera filo.

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